¿Alguna vez has perdido algo y has querido encontrarlo? La próxima vez que te ocurra, puedes pedirle ayuda a San Antonio. Para los católicos, San Antonio de Padua es el patrón de las cosas perdidas. Los fieles le rezan y esperan que lo que han perdido se encuentre, salud, prosperidad ¡e incluso pareja!

Antonio de Padua es uno de los santos católicos más populares y su culto se encuentra extendido universalmente, su festividad se celebra el 13 de junio (día de su muerte) y fue canonizado el 30 de mayo de 1232 por el papa Gregorio IX.

Tradiciones guaras: fiesta de San Antonio

La fiesta de San Antonio en Venezuela es una de las expresiones culturales del país con más relevancia, principalmente celebrada en Barquisimeto, estado Lara. Se suele celebrar con bailes de “tamunangue” (baile de los negros de San Antonio) y ofrendas de todo tipo.

El 13 de junio es un día de festividad para muchas poblaciones del estado Lara como El Tocuyo, Curarigua, Sanare, Carora, Quibor, Barbacoas, Guárico, y también en estados Portuguesa, Yaracuy y Falcón.

La imagen del santo siempre se expone en el altar decorada con flores para luego pasearlo en procesión por las calles. A esta procesión acuden muchos devotos a pagar promesas y demostrar su fe. Se caracteriza por ser un día bastante alegre lleno de feligreses bailando, cantando y compartiendo, celebrando el día de su santo.

Es tradición que la persona que paga alguna promesa ofrezca a los músicos y demás asistentes una comida especial para la ocasión, generalmente preparada con carnes de chivo y de res y acompañada con arepas de maíz y café (platos típicos del estado Lara). También se consume cocuy de penca durante el día preparado en la comunidad. Este año, debido a la pandemia, probablemente la fiesta no puede ser celebrada como tradicionalmente se hace. Sin embargo, este es un recordatorio de que no es necesario una fiesta para demostrar nuestra fe; todo devoto pide a su santo dónde esté.

 Oración a San Antonio de Padua

Acordaos ¡oh, glorioso San Antonio! Amigo del Niño Jesús e hijo querido de María Inmaculada, que jamás se oyó decir que alguno de cuantos han recurrido a vos, implorando vuestra protección, haya sido abandonado. Animado de igual confianza, vengo a vos, ¡oh fiel consolador de los afligidos! Y gimiendo bajo el peso de mis pecados me postro a vuestros pies y, pecador como soy, me atrevo a comparecer delante de vos. No desechéis, pues, mis súplicas, que sois tan poderoso cerca del Corazón de Jesús, antes bien, escuchadla favorablemente y dignaos a acceder a ella. Amén.

Andrea García
Author: Andrea García

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